septiembre 24, 2020

El gambao

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PAISAJE SIN ECO (Joaquin Arespacochaga, «Signos», Ed. Marte).

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"Vengo de ser la flor
el sol y su arcoíris.
De ser el zumbido del tiempo,
su aliento cargado de mentiras.
De ser la estrella moribunda
en la silente lejanía
de una razón sobornada.
Y en esta huida sin momentos
el largo sueño se marchita
y un cielo ya sin verdades
se quiebra inerme entre mis manos".
COMENTARIO:
Este vivo nihilismo que Joaquin Arespacochaga nos transmite en este poema, evoca muy a la letra aquel tan beckettiano pesimismo sobre la vida y la existencia, que entronca con aquella terrible, pero a la vez, redonda advertencia del poeta TS Eliot de que el mundo no termina con un estallido, sino en un desolado gemido.
La vida como una pesadilla de la que no podemos despertar. De ese hombre que deambula en el reborde sobrante del tiempo, revestido de fulgente vacuidad, arrojado a una realidad que no entiende, es la sensación lirica que desprenden estos delicados versos de Joaquin Arespacochaga. Una fina evocación de la trágica conciencia de la falta de sentido de la existencia con la que se identifica el desengañado Leopold Bloom de Joyce.
En este breve encuadre, Joaquin Arespacochaga parece delinear los abismos del alma ante una existencia que le resulta ajena. Referencia de ese hombre sin atributos musiliano que vaga sin dirección cierta, poblando un mundo de falsedades y quimeras, labrado en la carne del viento, como dice la dulce copla de Joaquin Romero.
Joaquin Arespacochaga refleja aquí la delicia negra de ese hombre surgido en la modernidad, que inmerso en el reino de la nada y en el sin sentido de las cosas, se refugia en la leve materialidad de la tecnología, para obviar la impiedad hostil de lo que acontece sin remedio.
Joaquin Arespacochaga evoca el latido exasperado de la inerte oscuridad que preside todos los altares de la inmanencia. Un jardín hollado de suspiros y desalientos, de frondosidades infernales en el que hacen por vivir gentes discretamente felices.
Bajo la bóveda de un azul incierto, el mundo que nos dibuja Joaquin Arespacochaga en este poema, fermenta sus horas de despojos y sombrías premisas, entre trances sin regencia y el lento delirio de lo inaprehensible.
Lejos del hombre se deciden sus designios, parece querer transmitirnos Joaquin Arespacochaga. Lejanías sin distancia nos acechan esperando el beso furtivo de unos dioses que nunca llegan. Socavado bajo el fondo restallante del instante, el mundo hace por fluir ajeno a nuestro frágil destello, cuajando hechos sin retorno. Mientras, lloran las estrellas el marchitar de la rosa.
Bellos versos de Joaquin Arespacochaga con regustos sartreanos que remiten a un ser perdido en la nebulosa sideral de la nada y el absurdo, desengañado de lo posible. "Sólo en la oscuridad, mi sombra es clara", escribió el gran poeta de Ohio, Hart Crane, buen amigo de Lorca, con un sentimiento muy parecido al que nos dejan estos versos de Joaquin Arespacochaga.